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El país ha escuchado en los últimos años la gran verdad de que “no habrá revolución ciudadana sin una revolución educativa”. La nueva Constitución fundamenta y define este reto histórico al colocar a la educación como eje estratégico para el desarrollo y una condición indispensable para el ejercicio de derechos y la realización del ‘buen vivir’. La sitúa a la vez como garantía de participación, equidad, interculturalidad e inclusión: “La Educación se centrará en el ser humano y garantizará su desarrollo holístico, en el marco del respeto a los derechos humanos, al medio ambiente sustentable y a la democracia; será participativa, obligatoria, intercultural, democrática, incluyente y diversa, de calidad y calidez; impulsará la equidad de género, la justicia, la solidaridad y la paz; estimulará el sentido crítico, el arte y la cultura física, la iniciativa individual y comunitaria, y el desarrollo de competencias y capacidades para crear y trabajar” (art.27). Consagra también un principio pedagógico fundamental: el estudiante como centro del proceso de enseñanza-aprendizaje, desde una perspectiva de formación integral, con base en los conceptos de calidad y calidez.

La construcción de estos grandes sueños supone para el actual sistema educativo grandes cambios en diversas dimensiones y requiere el compromiso renovado de todos los actores educativos y la sociedad en general, puesto que es un derecho universal y permanente de las personas. El Estado deberá fortalecer la rectoría de este gran cambio, lo que exige, al menos, el fortalecimiento de la gestión pública con alineamiento estratégico y articulación de todos los servicios, el desarrollo de capacidades de sus recursos humanos, una profunda reforma institucional y la concreción en el aula de un modelo educativo centrado en el sujeto que aprende.

Una gran debilidad del país ha sido no contar con una visión y estrategias eficaces que aseguren la concreción del cambio a nivel de la escuela y den contenido a sus políticas. Ha carecido a la vez de un sistema integral y sostenido de desarrollo profesional docente. El Programa “Escuelas Gestoras del Cambio” se propone contribuir al gran reto de transformación educativa que el país se ha propuesto, aportando con una respuesta integral frente a las múltiples necesidades de calidad que enfrenta la educación básica del país. Se enfoca en la transformación de la escuela a través de un sistema de profesionalización docente innovado, con acompañamiento educativo, una formación docente inicial de calidad y la articulación eficaz de los servicios de apoyo que llegan a la escuela. Si bien el programa se centra alrededor de la escuela como eje central, apoya técnicamente para hacer efectiva la corresponsabilidad de las estructuras institucionales, de nivel intermedio y local, asegurando a la vez una asistencia y coordinación intensiva y flexible con el nivel nacional, donde se ejerce la rectoría de las políticas y estrategias nacionales.

Los resultados del estudio de línea base que se presentan en este trabajo muestran las condiciones en que se encuentra actualmente el sistema educativo en relación al sueño de contar con escuelas que estén en capacidad de funcionar como agentes de cambio, con un servicio educativo mejorado, de calidad, con equidad y calidez.